• TOR

¿Salario mínimo para fortalecer el mercado interno y el consumo?

Número 48, Año 7, diciembre 2020.


En días recientes la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Consami) aprobó el incremento al salario mínimo para el 2021, el cual pasa de $ 123.22 a $ 141.70 diarios. Éste y los recientes aumentos (2019 y 2020) buscan dar un paso más en la recuperación del salario y en palabras de la Secretaria del Trabajo y Prevención Social, Luisa María Alcalde, “Los tres últimos incrementos, lejos de afectar la economía y el empleo, fortalecen el mercado interno y el poder de consumo de los que menos ganan en este país”.[1]



Más adelante volveremos sobre esta declaración de la secretaria Alcalde, mientras veamos algunos datos que nos permitan situar este aumento en el marco de la crisis general que vivimos.

I

Sin duda el aumento del 15% para el año que viene y los aumentos previos del 16% y 20% en el 2019 y 2020, han permitido incrementar las percepciones de amplios sectores de la población, sin embargo, la cantidad del aumento ni está a la altura de las necesidades de los trabajadores, ni de las posibilidades reales dada la riqueza que producen.


Según datos dados a conocer por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el salario real en México, es decir, lo que se puede comprar con este ingreso monetario, se incrementó durante 2015 y 2016 en 0.5% y 1.3% respectivamente, mientras que para 2017 y 2018 decreció -2% y -0.3%; apenas en 2019 creció de nuevo al 1.3% [2]. Por otro lado, si observamos los datos ofrecidos por el Coneval vemos que para septiembre de 2020 el ingreso laboral por persona disminuyó 12.3% en relación al primer trimestre del año lo que generó que la llamada pobreza laboral, aquellas personas que aun cuando tienen un trabajo no pueden acceder a la canasta alimentaria, haya crecido de septiembre de 2019 al mismo mes de 2020, pasando de 38.5% a 44.5%. [3]


Un análisis más minucioso y que rastrea el poder adquisitivo del salario mínimo, realizado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM, nos dice que éste decreció en el sexenio de Peña Nieto alrededor de 11.46%, y durante todo el periodo neoliberal el poder adquisitivo del salario mínimo ha disminuido poco menos del 89%[4]. De tal forma, para 2018 el salario mínimo diario ($88.36) alcanzaba apenas para comprar la tercera parte de la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR) la cual costaba casi $265 diarios[5]. Con el salario mínimo decretado para 2021, y suponiendo que la CAR se mantenga en los mismos precios de 2018, cosa de por sí improbable, alcanzaría para comprar poco más de media Canasta. Ya ni mencionar que ésta sólo contempla alimentos y no los gastos en transporte, vivienda, vestido, educación, salud, entretenimiento, etc. [6]


Estas cifras muestran que no es nada desmesurado llamar a esto una guerra contra las y los trabajadores. Esta guerra nos mata literalmente a diario, y esto no es exageración si consideramos el tiempo que debemos dedicar al trabajo si queremos sobrevivir, tiempo que le quitamos a la familia, a nuestra educación, al ocio, a nuestros gustos y pasiones. Mientras que en los años ochenta un trabajador necesitaba laborar 4 hrs. para ganar lo suficiente para comprar una CAR, para 2018 este mismo trabajador debía laborar prácticamente 24 hrs; por ello hoy día lo más común es tener dos o más empleos, o que más miembros de la familia deban dedicarse a trabajar para entre todos completar lo mínimo necesario.[7]


II

Algunos podrán decir que casi nadie gana un salario mínimo así que resultaría irrelevante que su cuantía sea ridícula. Al respecto cabe decir que en 2019 la cantidad de trabajadores que recibimos un salario mínimo o menos fuimos poco más de 12 millones y medio, sin embargo, si incluimos a aquellos que ganamos hasta 3 salarios mínimos, lo que sería un máximo de $425 según el último incremento, somos casi 41 millones, mientras que aquellos que ganan más de 5 salarios mínimos son poco más de millón y medio. [8]


Para tener una idea de lo que esto significa podemos ver que para inicios de 2020 los trabajadores por cuenta propia, subordinados y remunerados, éramos 50.4 millones, esto sin contar el personal no remunerado, es decir, la absoluta mayoría, 41.5 millones, de quienes vivimos de nuestro trabajo y no explotamos trabajo ajeno tenemos salarios de miseria[9]. En resumen, quienes ganamos menos somos una inmensa mayoría mientras que los mejores salarios sólo alcanzan a unos pocos, y esta es una tendencia que se ha profundizado en lo que va del siglo XXI.


Con estas cifras resulta no sólo falso sino insultante que arriba, Coparmex, el CCE y compañía, se atrevan a decir que aumentar los salarios será negativo para la economía. Quizá haya que recordarles que sus ganancias y sus bolsillos no son toda la economía, que quienes trabajamos somos los productores de la riqueza que luego ellos se apropian.


Y para muestra de esta apropiación, del nivel del robo, baste un botón. Las remuneraciones de los asalariados representaron en 2019 el 26.5 % del PIB, esto es del total de la riqueza producida durante el año, mientras que en el mismo periodo el llamado “excedente empresarial” representó el 67.2%[10]. Para el segundo trimestre del 2020 las remuneraciones de los asalariados representaron el 32.3% del PIB[11]. Es muy probable que este aumento obedezca tanto a la caída del PIB durante 2019 y 2020 como a los aumentos salariales recientes. Cabe insistir que en el largo plazo la tendencia es que las remuneraciones desciendan, “[…] de 1970 a 1982 el promedio de participación de las remuneraciones a asalariados en el PIB fue de 37.1%, mientras que de 1983 a 2015, la participación promedio fue de 29.4%”[12], con lo que incluso el dato del segundo trimestre del 2020 se mantiene por debajo del promedio de los años setenta.


Habrá que seguir atentos estos indicadores y observar la evolución de los mismos, sin embargo, todo indica que los incrementos recientes al salario mínimo no tendrán un impacto profundo ni en el salario real, esto es el poder adquisitivo de los trabajadores, ni en la participación total de las remuneraciones como porcentaje del PIB.


Todos estos datos nos dan una idea clara de la desigualdad en la distribución de la riqueza que se genera en nuestro país, desigualdad que no sólo se basa en esquemas inequitativos de redistribución, sino en la distribución desigual de la propiedad, como hemos visto aquellos que no tenemos grandes medios de producción y que no explotamos trabajadores percibimos una parte muy pequeña del pastel, en otras palabras, el problema sigue siendo la gran propiedad privada concentrada en unos cuantos y la ingente desposesión de la mayoría.[13]

III

Volvamos ahora a la declaración de la Secretaria del Trabajo y Previsión social (STPS), Luisa María Alcalde, quien ante los reclamos de los grandes patrones asegura que los aumentos en el salario mínimo sirven para fortalecer el mercado interno y el consumo de los trabajadores.

Habría que comentar tres cosas al respecto de las declaraciones de la titular de la STPS. Primero, insistir en la total sinvergüenza de los grandes millonarios, de los grandes patrones burgueses, quienes se rasgan las vestiduras por incrementos salariales que en nada les tocan sus infames ganancias.


Segundo, reconocer que el aumento en el salario mínimo podría significar, si contra toda evidencia se convierte en una tendencia y logra revertir las pérdidas acumuladas en décadas de neoliberalismo, un fortalecimiento del mercado interno. No obstante, debemos insistir que este mercado interno que saldría fortalecido es el mercado interno capitalista, esto es, un mercado que oculta la explotación, que esconde tras bonitos empaques y glamurosas tiendas el trabajo robado a las grandes mayorías.


Es un mercado interno subordinado en lo fundamental al mercado global del capital en el que nuestro país sigue fungiendo como proveedor de materias primas, recursos naturales y maquilador de lo ya hecho en otros países; por ello nos preguntamos ¿Se trata de fortalecer un mercado interno que oculta y media la explotación de las y los trabajadores? ¿Se trata de fortalecer un mercado interno subordinado a los intereses de las grandes corporaciones globales? ¿Esa debería ser nuestra aspiración, nuestra meta, como hombres y mujeres de abajo?


Tercero, también debemos aceptar que los incrementos salariales anunciados buscan fortalecer el consumo de los trabajadores, quizá estos salarios en efecto, contra toda tendencia, crezcan tanto como para que cada trabajador y trabajadora se convierta en un buen consumidor, buena consumidora, quizá con esto podamos dejar de comprar a pagos chiquitos o a créditos, incluso podríamos, quizá, acceder a una buena vivienda, a un buen vestido, a las vacaciones deseadas, quizá hasta podamos comprar educación y salud.


Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que el consumo que desde arriba buscan fortalecer es un consumo depredador de la naturaleza e insostenible ambientalmente[14]; pero no caigamos en engaño, no se trata en lo fundamental que seamos malos consumidores o irresponsables, no es que aquello que logramos comprar sea lo que más está dañando la naturaleza, debemos siempre señalar que acá abajo apenas sobrevivimos, quienes realmente contaminan son quienes allá arriban viven con lujos y despilfarros. Así que el problema no es el consumo en general, sino este tipo de consumo fomentado por los grandes patrones burgueses y que por desgracia asumimos como nuestro, es el consumo propio del mercado capitalista, un consumo que no busca satisfacer nuestras necesidades, sino sobre todo busca vender algo y con ello aumentar las ganancias de quienes desde arriba mandan.[15]