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(Parte 1) Dónde estaban los zapatistas del EZLN en estos años de barbarie neoliberal? ¿Y dónde AMLO?

Actualizado: feb 15

(Parte 1) Número 39, Año 7, enero 2020


En fechas recientes, tras la conmemoración del 26 aniversario del levantamiento armado del EZLN el 1 de enero de 1994, y con la reiteración del rechazo por parte de las comunidades zapatistas de los megaproyectos como el Tren Maya, el Proyecto Integral Morelos (PIM) y el Corredor Transítsmico, se desató en redes sociales una campaña de ataques, calumnias y desinformación contra el EZLN.

En esta campaña podíamos encontrar nuevas y viejas afirmaciones como: “el EZLN es una creación del expresidente Salinas”, “el subcomandante Marcos, ahora Galeano, es priista”, “los zapatistas son financiados por la corona británica” o demás grupos europeos de oscuro origen, asimismo se afirmaba que las comunidades zapatistas habían guardado silencio durante todos estos años de políticas neoliberales y de agresiones sistemáticas al pueblo, o que simplemente aparecían ahora para atacar sin razón al gobierno de AMLO y la 4T.

A continuación plantearemos algunos elementos que permitan, para quien así se interese, conocer un poco de la historia del EZLN, de sus acciones y omisiones durante el periodo neoliberal. Recordemos que la ignorancia no es problema siempre que sirva como incentivo para conocer y aprender; por otro lado, cuando el desconocimiento lleva a reproducir afirmaciones falsas y mentiras sólo contribuimos a la desinformación y a minar las fuerzas del pueblo.

¿Dónde estaba el EZLN y el zapatismo en los años setenta y ochenta, cuando comenzaban a delinearse las políticas neoliberales en México y el mundo? ¿Dónde estaba AMLO?

El EZLN como tal no existía aún, sin embargo la organización que fundaría al EZLN en la selva chiapaneca en 1983, las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN), ya se organizaban desde fines de los años sesenta en su lucha por democracia y liberación nacional. Eran hombres y mujeres que participaron de las movilizaciones estudiantiles y populares de los años sesenta y setenta, y habían decidido que darían su vida por alcanzar una vida digna para el pueblo y la verdadera independencia nacional. AMLO por su parte, se había afiliado al PRI, el mismo PRI que para ese entonces ya tenía las matanzas de 1968 y 1971 en su espalda. A fines de los setenta fue funcionario del Instituto Nacional Indigenista, institución encargada de ejecutar la política de asimilación cultural de los pueblos indios, ya para inicios de los ochenta era funcionario del Comité Estatal del PRI. Al finalizar los ochenta se sumó a la Corriente Democrática, ala del priismo que encabezaron Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo y que más tarde, junto a partidos y organizaciones de la izquierda formarían el Frente Democrático Nacional, y luego el PRD.

¿Dónde estaba el EZLN y el zapatismo en los años noventa, fechas de auge de las privatizaciones neoliberales? ¿Y AMLO, dónde estaba?

El EZLN, el 1 de enero de 1994, tras 10 años de preparación militar, de organización política, de trabajar y fundirse con las comunidades indígenas de las cañadas, altos y selvas de Chiapas, se levantó en armas contra el Estado mexicano y su principal representante, el presidente Carlos Salinas, demandando: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

Con esta acción político militar el EZLN tomó la madrugada del 1 de enero ocho cabeceras municipales, detuvo al general Absalón Castellanos ex gobernador de Chiapas y uno de los principales caciques de la región y en general descarriló el proyecto neoliberal y de gobierno transexenal que encabezaba Salinas. Éste último, quien respondió al alzamiento indígena despreciándolos, diciendo que se trataba de pobres indios manipulados y financiados por fuerzas extranjeras, encontró ahí su muerte política.

A lo largo de los noventa el EZLN y las comunidades zapatistas enarbolaron varías iniciativas nacionales que llamaron a la gente a organizarse por libertad, justicia y democracia. Convocaron en 1994 a la Convención Nacional Democrática; en 1995 a formar el Movimiento de Liberación Nacional, a mediados de ese mismo año realizaron una consulta nacional por la paz con democracia y participaron junto con cientos de representantes de los pueblos indios en los llamados Diálogos de San Andrés; ese mismo 1995 enfrentaron la traición del gobierno de Zedillo quien, a través del entonces secretario de gobernación y hoy secretario de educación Esteban Moctezuma, intentó la detención de la comandancia zapatista. En 1996 fundaron el Congreso Nacional Indígena, la casa de los pueblos originarios, asimismo realizaron encuentros internacionales de análisis y protesta contra el neoliberalismo, como el llamado Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el neoliberalismo, llamaron a la formación del Frente Zapatista de Liberación Nacional como un esfuerzo organizativo, civil y pacífico, que contribuyera a la transformación democrática. En 1997, tras la masacre de Acteal, señalaron claramente a Zedillo y al Estado mexicano como los principales responsables de los asesinatos y de implementar una estrategia paramilitar de contrainsurgencia contra las comunidades indígenas de Chiapas.

Por su parte AMLO pasó de ser el presidente del PRI en su natal Tabasco, a ser presidente estatal del recién formado PRD. Para 1990, tras las elecciones fraudulentas en la región, encabezó una serie de protestas que terminaron con una marcha, el Éxodo por la democracia, que llegó a la Ciudad de México a inicios de 1992. Más adelante, en 1994, tras otro fraude en las elecciones a gobernador en Tabasco, AMLO volvió a marchar hacia la Ciudad de México, en la llamada Caravana por la democracia que arribó a la Ciudad de México en abril de 1995, en su camino bloqueo pozos petroleros como protesta contra el fraude y contra las intenciones privatizadoras de Pemex.

Durante todo este tiempo se consolidó como uno de los principales dirigentes del perredismo nacional y como un luchador contra los sistemas fraudulentos del gobierno. Para 1996, AMLO había sido designado presidente nacional del PRD, en este cargo declaró contra la matanza de Acteal, emplazó a Zedillo a cumplir los acuerdos de San Andrés y castigar a los culpables de la matanza, sin embargo restó la responsabilidad del presidente al afirmar que Zedillo estaba mal informado.

Durante la dirigencia de AMLO el PRD creció en presencia electoral mientras fue cediendo en principios y programa. Las alianzas con priístas y caciques locales le permitieron al PRD convertirse en la segunda fuerza lectoral en el Congreso de la Unión, al tiempo que ganó la jefatura de gobierno del Distrito Federal y las gubernaturas en Zacatecas y Tlaxcala con los recién salidos del PRI, Ricardo Monreal y Alfonso Sánchez Anaya, respectivamente.

Estos triunfos electorales le permitieron a AMLO consolidarse como el principal activo del perredismo, sin embargo, internamente sus alianzas con las corrientes más reaccionarias, como los chuchos, fueron mermando poco a poco la ya de por si vacilante estructura democrática del partido. La cuestión es clara, si más tarde los chuchos, los bejaranos y demás fauna se adueñaron del PRD, gran parte es responsabilidad de AMLO.

¿Dónde estaba el EZLN y el zapatismo en 1999 durante la huelga en la UNAM, que hoy todos reconocen lucha fundamental en la defensa de la educación pública en nuestro país? ¿Dónde estaba AMLO por aquellas mismas fechas?

El EZLN y las comunidades zapatistas fueron reconocidas por los propios estudiantes como uno de los principales referentes políticos y éticos de la lucha contra el neoliberalismo. Por su parte las comunidades zapatistas fueron de las pocas fuerzas sociales que mantuvieron el respaldo y apoyo, aun con todas sus diferencias, al movimiento estudiantil. Mientras medios de comunicación, caricaturistas, intelectuales y dirigentes del régimen y de la izquierda perredista atacaron y calumniaron a los estudiantes, el EZLN reconoció en ellos lo que eran, un síntoma del desastre nacional producto del neoliberalismo.

Mientras tanto AMLO y el perredismo oficial se enfrascaban en pugnas internas tras la elección fraudulenta de 1999 para elegir al presidente del partido que sustituiría a Lopez Obrador. Como ya hemos dicho, el poderío que ganaron las corrientes más reaccionarias y antidemocráticas dentro del PRD, se debe en gran medida a que AMLO se alió con ellas y les cedió el control partidario a cambio de su apoyo para avanzar hacia el gobierno del entonces DF, cargo que alcanzó en diciembre del 2000, después de una elección en la que el PAN y el PRI intentaron boicotear su candidatura y tras establecer alianzas con ex salinistas de primera línea como Marcelo Ebrard y Manuel Camacho Solis.

¿Dónde estaban el EZLN y el zapatismo durante el sexenio de Vicente Fox, su supuesta alternancia democrática y sus pretensiones de hacer el aeropuerto en Texcoco? ¿Dónde AMLO?

El EZLN asumió la promesa de Fox de solucionar el conflicto en Chiapas, sin embargo, pronto el Estado mexicano demostró, una vez más, que no honraría su palabra. En 2001 los zapatistas, junto con los pueblos del Congreso Nacional Indígena, organizaron la Marcha del Color de la tierra, que tras más de un mes de caminata arribó el 11 de marzo a la Ciudad de México para intentar convencer a los legisladores del Congreso de la Unión de aprobar la llamada Ley Cocopa, que retomaba los Acuerdos De San Andrés firmados entre el EZLN y el gobierno en 1996. En cambio el Estado traicionando su palabra, aprobó una reforma constitucional en materia indígena que violaba los mencionados acuerdos y negaba con ello el reconocimiento integral de los pueblos indios como sujetos de derecho y componente fundamental de la nación mexicana.

Tras esta traición el EZLN y las comunidades zapatistas rompieron todo dialogo con el gobierno y el Estado mexicano, y profundizaron la consolidación de su autonomía. Para 2003 anunciaron la creación de los Caracoles y las Juntas de Buen gobierno, territorios donde el pueblo manda y el gobierno obedece, y donde se consolida una educación, una salud, una economía y una política desde abajo y para los de abajo. La autonomía zapatista es quizá hoy uno de los mejores ejemplos de otro mundo posible, uno sin despojo, sin explotación, sin desprecio y sin represión. No se trata de una utopía, tan sólo del caminar colectivo de los pueblos zapatistas.

En estas fechas AMLO gobernó el DF, hoy CDMX, de fines del 2000 a mediados del 2005, cuando se apartó del cargo para participar en las elecciones presidenciales de 2006. Durante su gobierno en el DF, AMLO otorgó una serie de apoyos económicos a los adultos mayores, amas de casa y estudiantes, creo la hoy Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) bajo un modelo pedagógico incluyente y popular, controló la delincuencia común y desplegó una amplia política de inversión en infraestructura como los segundos pisos y otras vialidades. En general fue un gobierno que combinó la política social de redistribución de la riqueza, con los incentivos y acuerdos con sectores muy importantes de la burguesía, por ejemplo, su relación con Carlos Slim le permitió a este último adueñarse de jugosos negocios en la Av. Reforma y el Centro Histórico de la Ciudad de México.

¿Dónde estaban el EZLN y el zapatismo cuando en el 2004-2005 la oligarquía del PRI y el PAN emprendieron el desafuero contra AMLO? ¿Y dónde estaba AMLO?

El desafuero fue uno de los ataques más descarados contra la ya de por sí corrompida democracia mexicana. El PAN, el PRI y sectores de la burguesía encabezaron la estrategia política y legal para inhabilitar a AMLO y evitar que se postulara a la presidencia.

Ante este intento de deshacerse de un rival por parte de la derecha, el EZLN, aun cuando expresaría sus más duras criticas a toda la clase política, incluido el PRD y López Obrador, deslindó claramente las posiciones, y llamó a protestar contra el desafuero por comprenderlo como un ataque vil y antidemocrático, en palabras del Subcomandante Marcos un “golpe de estado preventivo” “ilegal e ilegitimo” contra el que había que luchar.

Por su parte, AMLO desplegó una amplia movilización social para evitar ser inhabilitado. El cinismo del poder era tal que grandes capas de la población comprendieron que se trataba de una lucha democrática y que, más allá de apoyar o no a López Obrador, resultaba insultante que el presidente Fox, la derecha empresarial y demás miembros de la clase política usaran las leyes de manera tan burda. Una de las más grandes movilizaciones populares de los últimos tiempos ocurrió el 25 de abril, cuando millones de personas salieron a las calles de la ciudad de México a expresar su rechazo al desafuero. El uso del poder político para deshilachar más la ya de por si maltrecha democracia electoral generó una profunda indignación en la sociedad.

¿Dónde estaba el EZLN y el zapatismo cuando en 2006 los gobiernos estatal y federal atacaron a los pobladores de San Salvador Atenco, quienes llevaban años organizados contra el Aeropuerto en Texcoco? ¿Y AMLO, donde estaba?

Para ese entonces el EZLN había lanzado un proceso organizativo a nivel nacional con el fin de cambiar desde las bases este sistema autoritario y explotador, generador de pobreza y desigualdad. Este proceso fue convocado mediante la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, documento programático donde se encuentra un diagnóstico de la realidad nacional e internacional, donde se plantea la necesidad de que los trabajadores del campo y la ciudad, así como todos aquellos de abajo y a la izquierda, nos organicemos para transformar las cosas desde la raíz y con una perspectiva anticapitalista. Mediante esta Declaración, el EZLN convocó a La Otra Campaña, a la que se sumaron fuerzas civiles, organizaciones políticas y sociales, familias, individuos, colectivos y grupos políticos y culturales, que recorrieron junto con la comitiva zapatista de sur a norte el territorio nacional.

La respuesta del Estado mexicano a esta iniciativa civil y pacífica fue la represión. En los primeros días de mayo del 2006 la policía federal arrasó con el pueblo de San Salvador Atenco, días después de que la caravana de La Otra Campaña pasara por ese digno pueblo campesino de Texcoco. La violenta represión contra los pobladores de Atenco y contra los participantes de la Otra Campaña que acudieron en solidaridad con los campesinos provocó cientos de heridos, cientos de detenidos, decenas de mujeres violadas y torturadas sexualmente y dos jóvenes asesinados por las fuerzas policiales del gobierno federal, estatal y local, panistas, priistas y perredistas respectivamente. El atencazo fue la muestra clara del contubernio de los diferentes partidos electorales y el experimento siniestro de una política de represión, violación a los derechos humanos, terrorismo estatal y guerra contra el pueblo que años más adelante se generalizarían en el territorio nacional.

El EZLN, los adherentes a la Sexta Declaración y otras organizaciones sociales se movilizaron a nivel nacional e internacional contra la represión, denunciando la tortura sexual y exigiendo la liberación de los detenidos. Mientras, allá arriba el partido de AMLO, el PRD, no se limitó a guardar silencio cómplice, incluso el PRD local emitió un comunicado respaldando la decisión gubernamental. Por su parte López Obrador se concentraba en su gira electoral, en la campaña por los votos, y más allá de no atinar a condenar la represión estatal ni exigir la libertad de los detenidos, prefirió condenar la violencia “venga de donde venga” y deslindarse del asunto.

¿Dónde estaba el EZLN y el zapatismo cuando en el 2006, la misma oligarquía priista y panista realizó un fraude electoral más? ¿Y dónde estaba AMLO?

Como hemos dicho el EZLN y los adherentes a la Sexta Declaración se encontraban luchando por la libertad de los presos políticos de Atenco, junto con otras y otros, y también mantenían la gira y el proceso organizativo de la Otra Campaña. Sin embargo y contra cualquier especulación, el EZLN en vos del Subcomandante Marcos condeno el fraude electoral, afirmó: “Se trata de un fraude operado desde Los Pinos y el comando central del PAN, que pone en crisis la democracia, la legalidad y la supuesta neutralidad del IFE.”

Por su parte AMLO se encontraba, de nuevo, luchando contra otro fraude electoral en su carrera política. Convocó a desde mítines y marchas hasta el tan temido y satanizado “plantón de Reforma”. Los medios de comunicación, la clase política y la derecha más reaccionaria unieron baterías contra AMLO, al final de cuentas afirmaron se trataba de un “peligro para México”. Son esos mismos medios y esas mismas fuerzas las que hoy, aliadas al gobierno en turno, despliegan sus ataques contra el zapatismo y los pueblos indios.

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