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Morena, ¿es lo que necesitamos?

Número 40, Año 7, Febrero, 2020

#Morena se ha enfrascado en una serie de luchas internas por la dirección, se han revelado proyectos diferentes de lo que debe ser la administración del partido del presidente, se ha llamado a los órganos del Estado, como el Tribunal Electoral, a que resuelvan las diferencias internas, se acusan unos a otros de no cumplir con los estatutos y demás reglamentaciones partidarias, se mantienen dos direcciones nacionales una encabezada por Yeidckol Polevnsky y otra por Ramírez Cuellar.


Estos problemas no han salido a la luz como parte de un complot prianista, o de las plumas y voces chayoteras al servicio de los grandes grupos empresariales y medios masivos de comunicación de negra historia, Televisa y Tv Azteca; por el contrario, todo este conflicto ha sido descrito y publicado por miembros de Morena, militantes de la #4T y férreos defensores del proyecto de gobierno de #AMLO, desde Pedro Miguel, Pedro Salmerón, el Fisgón, John Ackerman, entre otros.


¿Qué significan estas luchas por la dirección de Morena? Más allá de lo obvio, ser luchas por el poder partidario, por el presupuesto de un partido que hoy es hegemónico y que aspira a ampliar su control legislativo y en las gubernaturas durante las próximas elecciones del 2021, ¿los conflictos interpartidarios reflejan algo más? Veamos.


Según Pedro Miguel, connotado intelectual de la 4T, las causas del conflicto dentro de Morena serían: “la hemorragia de cuadros y dirigentes que transitaron al gobierno y a cargos de elección popular, la orfandad del máximo liderazgo, la confusión existencial que produjo la victoria y la incursión de segmentos enteros de la vieja clase política que siguen pensando con una lógica arcaica y que ven en Morena la vía de acceso a puestos, posiciones, prebendas y presupuestos.” (La Jornada, 7 de febrero 2020)


Los problemas dentro de Morena, con los que hoy se regodean los mercenarios e ideólogos panistas y priistas, no son sólo muestra de la incapacidad de los grupos de poder dentro del partido para ponerse de acuerdo, cosa que de por sí sería comprensible, sobre todo muestran la realidad de un partido que no tiene una estructura democrática, ni se ha preocupado por las tareas de formación política, no ha procurado la movilización social, ni promovido la organización popular de base. Morena no es un instrumento de lucha y de organización popular, es un instrumento electoral, ni más ni menos.

Por ser sólo un instrumento electoral y carecer de perspectivas políticas más amplias es que desde su propia formación y origen incluyó en su seno, no la amplia diversidad de intereses populares sino sobre todo la patética variedad de intereses cupulares y caciquiles de la política mexicana; en Morena cupieron y caben, ex panistas, ex priístas, ex perredistas, ex verde ecologistas, miembros de organizaciones de extrema derecha y clericales, caciques locales, representantes y gestores de prominentes empresarios beneficiados con décadas de neoliberalismo. Los nombres vergonzantes dentro de Morena abundan, no insistiremos con ellos.


El problema no es de nombres, sino de dinámicas y concepciones políticas, toda la fauna que se subió a Morena, con plena invitación de AMLO, traen consigo no sólo un pasado delincuencial sino sobre todo un presente lleno de prácticas que conciben la política como el quehacer de unos cuantos elegidos, y no tienen ni idea de las posibilidades de la política hecha desde abajo y para los de abajo. En términos de la composición de sus principales dirigentes y de sus dinámicas políticas internas, Morena es más de lo mismo, no hay ni transformación ni regeneración alguna.


Por ejemplo, la lógica electoral y la forma de hacer política que domina en Morena, se expresa también en la nula preocupación por la formación y la educación políticas de las bases del partido, no digamos ya de las amplias capas del pueblo. Las denuncias al respecto han salido de los propios intelectuales de Morena, nada aun sobre la promesa de echar a andar el Instituto de Formación partidario, ya no digamos nada sobre el contenido mismo de la formación.


Educar políticamente al pueblo es fundamental para que todos podamos comprender la realidad que vivimos y organizarnos para transformarla, para que la política y el gobierno sean un ejercicio realmente democrático hace falta la participación consiente de todas y todos, no basta un voto, no basta atender las consignas lanzadas en cada mañanera o seguir los designios de nadie, hace falta el debate informado, franco, fraterno y comprometido, hace falta practicar el ejercicio de la discusión no para vencer al otro, sino para convencer, no para imponer sino para proponer, no para obedecer ni mandar, sino para juntos hacer, hace falta otra forma de hacer política. Para todo ello la formación es tarea ineludible, si Morena fuese algo más que un instrumento electoral sería esto ejercicio central de su quehacer.


Otra tarea que nunca ha estado ni estará en el centro de la práctica de Morena es la promoción de la organización popular. Si bien en los estatutos y demás documentos del partido se menciona la importancia de la organización desde la base, la organización de los llamados Comités de Protagonistas del cambio verdadero, lo cierto es que hasta hoy la procuración de la organización popular ha estado ausente. La agitación, la movilización y la organización por abajo no existen en Morena salvo cuando de algún mitin o campaña electoral se trata. La organización para resolver los problemas que nos aquejan en cada barrio y colonia no existe ni es promovida por el partido, temen que la gente supere y rebase a los Monreal, los Ebrard, los Delgado, las Polevnsky, los Fisgones y demás dirigentes. La transformación que México necesita y la solución de nuestros problemas se han dejado en manos de los mismos de siempre, los mismos políticos que ahora se visten de guinda, cuando ayer lo hicieron de amarillo, verde, rojo o azul.


Esta ausencia de la organización popular no sólo se origina en la incapacidad y nulo interés de los dirigentes por promoverla, también obedece a la estructura profundamente antidemocrática que prima en Morena. No puede haber democracia popular cuando no hay debate, discusión y formación desde abajo, cuando las decisiones se toman desde arriba, cuando el método más democrático que se propone es una “encuesta” donde domina la opinión mal informada, donde se abre paso la calumnia y la desinformación. La democracia que necesitamos para la transformación social requiere educación política, requiere conocimiento de los problemas, y es justo ese conocimiento y esa educación la que no se atiende, la que se hace a un lado para promover una dirigencia u otra, atendiendo sólo a los beneficios de grupo y cupulares que se prometen.


La democracia que necesitamos abajo requiere formación, discusión y debate, la construcción de consensos y la clarificación de los disensos, requiere llegar a acuerdos y ejecutarlos; la democracia que necesitamos exige la participación de todos los que abajo somos, sin privilegios ni prebendas, exige destruir para siempre la democracia de los de arriba, destruir la democracia entendida como negocio y comercialización de votos y promesas. La democracia que queremos y necesitamos exige ubicar al enemigo, el capital y sus representantes, y construir con los amigos, con todos los que abajo somos y abajo resistimos.


Para bien o para mal Morena no ofrece las condiciones para construir ni la organización, ni la democracia que necesitamos, mucho menos la transformación social que urge para alcanzar una vida digna, la tarea sigue pendiente y depende de los esfuerzos que abajo despleguemos.









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