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México en crisis: el trabajo entre la desigualdad y la pobreza

Número 45, Año 7, julio 2020


Las diversas proyecciones económicas para el resto del año no son buenas para quienes debemos trabajar a diario, ya sea desde casa, en la calle o nuestro centro laboral, todo indica que los grandes empresarios y burgueses buscan que, una vez más, nosotros paguemos los costos de esta crisis económica y social que si bien se agudizó por la covid19 también es cierto que su causa fundamental y profunda es el sistema capitalista en el que unos cuantos viven a costa de nuestro trabajo.[1]


La situación económica en nuestro país ya era critica desde antes de la pandemia. El año pasado el PIB terminó con una caída del -0.1% arrastrado por el declive de la actividad manufacturera, la cual se había visto afectada entre otras cosas, por la falta de inversión y por la baja en el comercio mundial.[2]


En los primeros tres meses de este año (recordemos que los primeros casos de Covid19 aparecieron a fines de febrero) los índices económicos también han sido negativos. La actividad industrial y los servicios tuvieron caídas respecto al primer trimestre del año pasado de -3.8% y -1.4% respectivamente, mientras que el PIB cayó -2.4%[3], las estimaciones para el segundo trimestre son aún peores, ya que en estos meses (abril-junio) es cuando arreció la pandemia en nuestro país.


En la profundización de la crisis también pesarán los problemas en las remesas que envían los migrantes, las caídas en los precios del petróleo, la práctica paralización de la actividad turística, por mencionar algunos de los sectores que más participan del PIB nacional y que se han visto afectados en el contexto de la crisis sanitaria. En el mismo sentido impactará la baja recaudación fiscal que existe en México, alrededor del 16% según cifras de la OCDE.[4]


Para lo que resta del año las estimaciones hablan de que el PIB mundial caerá alrededor de -4.9% mientras que en México la caída sería de -8.5, -9 o -10.5, cifras incluso peores que la crisis de 1995 tras el llamado error de diciembre.[5]


No olvidemos que cuando estás estadísticas van bien nada nos dice que nuestras condiciones mejorarán, pero cuando van mal, como pasa ahora, sin duda los grandes millonarios harán que los problemas pesen sobre nosotros.


Pobreza y desigualdad

Estas cifras podrían parecer alejadas de nuestra realidad, sin embargo, tras ellas se esconde lo que ya sabemos: un México donde la desigualdad y la pobreza son el pan de cada día, un país en el que los que más mueren y más enferman por Covid19 somos los más jodidos.[6]


En nuestro país, hasta 2018, poco más de 61 millones de personas vivían por debajo de la línea de pobreza por ingresos definida por el CONEVAL, y 21 millones lo hacían por debajo de la línea de pobreza extrema. Veamos qué quiere decir esto.





Según el CONEVAL la línea de pobreza extrema para junio de este año, sería de $1,640 pesos en las ciudades y de $1,170 en el ámbito rural, es decir, con estas cantidades una persona podría comprar la canasta alimentaria durante un mes, lo que supone que debemos poder comer en las ciudades con algo así como $ 54 y en el campo con $ 39 diarios. Si ya tenemos estos ingresos, seamos agradecidos, parecen decir desde arriba, ya no somos pobres extremos.


Pero hay más, si pretendemos no ser pobres extremos, sino sólo pobres, deberíamos poder tener, al mes de junio de este año, ingresos personales por $3,202 en las ciudades y $2,086 en el campo, con esto podríamos comprar mensualmente, según el CONEVAL, no sólo la canasta alimentaria sino también acceder a transporte, limpieza del hogar, cuidados personales, educación, cultura, recreación, vehículos y medios de comunicación, vivienda y mantenimiento de la misma, vestido y accesorios, vajillas y cristalería, servicios de salud y artículos de esparcimiento, entre otras cosas, algo parecido a una vida digna, al menos en lo que al consumo se refiere. ¿Alguien realmente puede llegar a ello con poco más de 3 mil pesos al mes? Si lo logramos, ¡enhorabuena, ya no seremos pobres!


Las cifras de pobreza podrían incrementarse tras los impactos económicos de la pandemia. Según los peores escenarios habría hasta 9.8 millones de pobres más, o hasta 10.7 millones más en la pobreza extrema, todo esto sin hablar si quiera de la dimensión de género o de los problemas en el acceso a un trabajo digno y bien remunerado.[7]


Esto arrastrará a las mayorías trabajadoras de nuestro país a una situación aún más crítica, el retroceso en nuestros ingresos sería de alrededor de 9 años según la ONU[8]. Estos números nos sitúan dentro de los países más afectados en América Latina[9], según estimaciones hechas en mayo por la CEPAL.[10]


Junto con esta pobreza aparece la gran riqueza. Marx ya había advertido hace 154 años que bajo el capitalismo al mismo tiempo que se produce riqueza se expande y profundiza la pobreza, es decir, la desigualdad que hoy vivimos no es fruto del azar, ni mucho menos de una buena o mala administración, honesta o corrupta, sino sobre todo es el fruto natural, normal, del sistema capitalista.[11] Ello nos ha llevado a que hoy día las 2 mil personas más ricas del planeta concentren más riqueza que la mitad de la humanidad, menos del 1% de los más ricos tienen más que el 60% de la población mundial, según ha revelado Oxfam a inicios de este año. [12]


México es uno de los países más desiguales, en nuestro país conviven algunos de los hombres (sí hombres) más ricos del planeta junto con los millones de pobres que ya hemos mencionado, los 10 más ricos concentran la misma riqueza que el 50% más pobre del país, los más ricos en México tienen más ingresos que el 96% global.[13]


Y dentro de esta profunda desigualdad todavía algunos nos hablan de que todo depende del esfuerzo y la voluntad, si trabajas fuerte, si eres honesto y te pones la camiseta podrás salir adelante, ante ello sólo un dato: “En México al menos 7 de cada 10 personas que nacen en el quintil más pobre no logran superar la línea de pobreza […]”[14], lo que quiere decir que las personas que nacemos pobres, bajo el capitalismo, así nos quedaremos, esto al mismo tiempo que quienes nacen ricos, por más que despilfarren se morirán siendo ricos. [15]

Durante la pandemia y la crisis económica agudizada, no todos pierden, aunque eso nos digan a diario cuando arriba exigen rescates o nos llaman a la unidad para enfrentar los problemas, lo cierto es que como afirman los compañeros del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM (CAM), algunos pocos son hoy más ricos que ayer: “[…] las familias más ricas del planeta ahora tienen un patrimonio conjunto que oscila los 250 mil millones de dólares, cifra superior a la del año pasado.[16]


Han incrementado sus ganancias sobre todo las industrias farmacéuticas, las empresas dedicadas al comercio electrónico, al entretenimiento, la comunicación y la educación online, entre otras. Dentro de este grupo están Amazon, Netflix, o las industrias médicas como Inovio, Moderna y Novax que han incrementado el valor de sus acciones, durante la pandemia, en más del 50%, 42% y 20% respectivamente.[17] Cabe no olvidar que la mayoría de estas empresas, y otras que no mencionamos, tienen fuerte presencia en México, es decir, parte de sus insultantes ganancias provienen de nuestro esfuerzo y trabajo.[18]


Desempleo y precarización laboral

A la desigualdad y a la pobreza, se añaden el desempleo y el trabajo precario. Según el INEGI en México somos más de 55 millones de trabajadores[19], “población ocupada” nos llaman, sin embargo, casi 24 millones estaríamos en riesgo durante la pandemia, y casi 31 millones pertenecemos al sector informal, esto es carecemos de un trabajo estable o de seguridad social, asimismo más de 13 millones no tenemos prestaciones sociales, o más de 17 millones vivimos lo que arriba llaman flexibilización del trabajo y subcontratación, por lo que no tenemos contrato por escrito con nuestro patrón.[20]