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La obra de Engels es indispensable para hacer una lectura científica de la realidad

Número 47, Año 7, noviembre 2020

[Participación de Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR) en el conversatorio organizado por el Partido de los Comunistas, "Vigencia del legado de Engels", el día 28 de noviembre de 2020, a propósito del bicentenario del natalicio del militante y pensador alemán]


¿Por qué es importante hoy en día estudiar la obra de Federico Engels? La obra de Engels, junto a la de Marx, es uno de los pilares fundamentales del materialismo histórico y, por lo tanto, forma parte del arsenal teórico y político de la clase trabajadora, primero, para comprender científicamente el desarrollo de la vida material y su dimensión social y política; segundo, para guiar el accionar político de la clase trabajadora para acabar con el modo de producción capitalista y construir una sociedad sin explotación y sin opresión de ningún tipo.

Los textos de Engels siempre han sido una puerta, una vía de acceso para las grandes mayorías de trabajadores al estudio del materialismo histórico. No podemos perder de vista que las principales premisas de la concepción materialista de la historia –entre ellas que es el devenir de la realidad material la que determina las relaciones sociales, y no los elementos de orden ideológico; que dichas relaciones sociales se desarrollan históricamente a través de la lucha entre opresores y oprimidos, entre explotados y explotadores; que también en el campo de las llamadas “superestructuras” se desarrollan estas luchas y es ahí donde los seres humanos adquieren conciencia de su posición, de sus intereses y de su misión histórica y, por último, que el modo de producción capitalista sólo puede ser superado mediante la acción consciente, organizada y revolucionaria de la clase obrera, la cual es producto del propio modo de producción capitalista—fueron elaboradas en conjunto por Carlos Marx y Federico Engels. Los textos de este último, sin embargo, tienen una claridad expositiva y pedagógica que los hacen más accesibles para todo aquel que se acerca por vez primera al materialismo histórico.


En las actuales condiciones de nuestro país, gobernado por un partido que ha logrado convencer a grandes sectores del pueblo de que su programa es de izquierda y, por lo tanto, diferente a los gobiernos del “pasado” neoliberal; en donde las fuerzas que tratan de impulsar una transformación radical de las relaciones sociales nos encontramos relativamente dispersas; en donde todos los días surgen expresiones de descontento y luchas contra la violencia, la miseria y el despojo pero, al igual que en otras partes del mundo, también priva ampliamente la idea falaz de que no existen criterios de verdad, que todas las opiniones son igualmente válidas o, peor aún, que la lucha colectiva y callejera es inútil y que el cambio está en uno mismo y consiste en comprar cierto tipo de productos y compartir ciertos contenidos en las redes sociales; en donde la crisis económica y sanitaria golpea con fuerza a un pueblo de por sí pobre y enfermo; en medio de todo eso, es indispensable volver a la teoría marxista no para buscar respuestas ante lo que está sucediendo, sino para plantearnos las preguntas correctas.


En los textos de Engels, sobre todo en aquellos que tratan cuestiones relacionadas con el análisis de los acontecimientos políticos inmediatos desde una perspectiva materialista histórica, podemos encontrar muchos elementos útiles para hacer ejercicios más complejos de lectura de la realidad e ir dando, desde nuestros respectivos espacios, la batalla de las ideas en contra de algunos mitos que ha construido el régimen actual. Trataré de ser más clara y poner algunos ejemplos concretos.


Cuando Engels emprende el estudio de los movimientos revolucionarios que sacudieron a Alemania a partir de 1848, el primer elemento de la realidad en donde pone la mirada es la compleja composición social de las diferentes fuerzas políticas en lucha durante ese periodo.[1] Hoy por hoy, hacer un ejercicio de ese estilo sobre el conjunto de las fuerzas políticas de nuestro país, nos daría una base lo suficientemente sólida para ubicar no sólo aquellos sectores sociales en los que se apoya el régimen, sino también aquellos que están dispuestos a desafiarlo.


Siguiendo la manera en que Engels hizo este tipo de análisis, también debemos destacar la importancia de poner en relación la composición social de las fuerzas políticas con el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y el momento de las relaciones materiales de producción. Este elemento es clave en la actualidad, sobre todo en circunstancias como las nuestras. Tenemos que identificar las características particulares del modelo de acumulación actual, la posición y las funciones que cada agrupamiento social ocupa y desempeña en dicho modelo y, a su vez, identificar sus intereses y sus expresiones políticas correspondientes. Pero no basta sólo con eso, en el ejemplo que hemos recuperado de Engels, también es necesario dar cuenta de la manera en que dichas expresiones entran en colisión durante un periodo de tiempo determinado, es decir, de la manera en que intentan hacer que sus intereses no sólo prevalezcan sobre los intereses de los demás, sino que sean asumidos como propios por los demás. Desde luego, Engels estudia en Revolución y contrarrevolución en Alemania, que es el texto que estamos tomando como punto de referencia aunque podríamos utilizar otros, un momento en el que las contradicciones sociales se agudizan considerablemente y las luchas de clases se “expresan” de una manera abierta. En la actualidad, ¿nos sirven estos insumos teóricos y metodológicos para estudiar lo que sucede en nuestro país? Desde nuestra perspectiva, sí.


En México, el régimen de la 4T ha construido dos grandes mitos. Por un lado, que el neoliberalismo ya se terminó y, por lo tanto, que el poder político está separado del poder económico. Por otro, que en nuestro país no es la explotación, sino la corrupción, lo que permite la acumulación de grandes riquezas. Bastaría, desde la perspectiva del gobierno, implantar una especie de capitalismo bueno o, como ellos le dicen, “verdadero capitalismo”, para generar condiciones de bienestar que beneficien a ricos y pobres por igual. Su proyecto no se limita a conciliar intereses de clases que, en realidad, son irreconciliables, sino que además utiliza ambos mitos para confrontar a sus adversarios políticos, tanto de izquierda como de derecha. Desde una perspectiva ideológica, el análisis quedaría ahí, en la configuración de cierto discurso con marcados tintes liberales y populistas. ¿Pero eso nos explica, por ejemplo, la criminal imposición del Proyecto Integral Morelos, de la refinería Dos Bocas, del Corredor Transístmico, del Tran Maya o la firma del TMEC?, ¿o más bien tenemos que buscar, en el marco más amplio de la batalla de las ideas, las bases que dan pie a la construcción de estos mitos en los intereses de clase que representa la llamada 4T?


Desde una perspectiva materialista, que es la que nos interesa recuperar en este 200 aniversario del nacimiento de Federico Engels, hay que optar por la segunda opción e ir más a fondo, primero, para desmontar ambos mitos de la 4T y, segundo, para tener puntos claros de referencia en medio de tanta confusión política e ideológica. Ambas condiciones son necesarias, insistimos, para ubicar a quienes apoyan al régimen, pero también a quienes pueden desafiarlo.


A pesar de lo que diga la 4T, la contradicción central en el modelo de acumulación actual sigue estando en la relación capital-trabajo. Tan es así que, el despojo que hoy están sufriendo los pueblos mayas y del Istmo de Tehuantepec, por sólo mencionar dos ejemplos paradigmáticos, viene acompañado de la promesa de empleo, de trabajo asalariado. Si algo nos ha enseñado Engels y, desde luego, Carlos Marx, es que la acumulación originaria produce, entre otras cosas, fuerza de trabajo disponible para ser aprovechada por el capital. En este caso, en los grandes complejos turísticos, comerciales e industriales que traerá consigo el mal llamado Tren Maya o el Corredor Transístmico, podemos prever desde ahora la formación de una clase trabajadora con una composición sumamente heterogénea, tanto por su origen como por su posición en el entramado productivo, pero con una característica central, compartida con el resto de la clase trabajadora de los países dependientes y subdesarrollados: que se trata de una clase trabajadora subocupada, masiva y desechable.


El problema tiene dos dimensiones: por un lado, se trata de la organización y la lucha para evitar el despojo, y es ahí donde ya está abierta una coyuntura estratégica que cada vez se expresa de una manera más abierta. Tener las herramientas metodológicas adecuadas para comprenderla y actuar en ella es de vital importancia, y parte de esas herramientas se encuentra en la obra de Federico Engels y Carlos Marx. Por otro lado, está un planteamiento mas general: la necesidad de asumir nuestra posición en la lucha de clases con una perspectiva, un proyecto, una ciencia política y formas de lucha y organización propias.


No queremos terminar nuestra intervención sin mencionar otras contribuciones de Federico Engels. El estudio de Engels, entre otras cosas, nos obliga a no perder de vista la necesidad de difundir, lo más ampliamente posible, planteamientos políticos y teóricos complejos en un lenguaje sencillo y claro, que interpele directamente a las grandes masas. Si consideramos a Engels como el gran maestro de la clase obrera, es porque pudo desarrollar una especie de pedagogía para la revolución destinada a los trabajadores. Hoy, uno de los retos principales para la izquierda anticapitalista consiste en replicar la magnífica experiencia de Engels como difusor del materialismo histórico y como organizador político. No es posible pensar una cosa sin la otra.


En textos como Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana o el Anti-Dühring, por sólo mencionar dos ejemplos, Engels enunció con toda precisión las bases, los principios, los elementos clave para transitar hacia un estudio mucho más complejo, detallado y erudito del materialismo histórico en términos teóricos, pero también para transitar hacia una práctica política que aspire a sepultar el capitalismo, que tenga como base irrenunciable la independencia de la clase trabajadora y que sea capaz de definir las tareas inmediatas de las organizaciones de nuestra clase en cada momento de la lucha de clases a partir de una comprensión científico-política de la realidad.


Frente a los amplios esfuerzos de Engels por difundir el marxismo, el llamado “marxismo occidental” elaboró interpretaciones que trataron de desvincular a Marx de Engels, dando pie a la formación de un “marxismo anticomunista”. Basta revisar, por ejemplo, el libro de Perry Anderson, Consideraciones sobre el marxismo occidental, publicado por primera vez en español en 1979 y, en años más recientes la compilación De regreso a Marx. Nuevas lecturas y vigencias en el mundo actual, de Marcello Musto, publicado en 2015 (en especial el texto de Paresh Chattopadhyay, “El mito del socialismo del siglo XX y la permanente relevancia de Karl Marx”) o bien, Historia y sistema en Marx, de César Ruiz San Juan, de 2019. Hoy sucede con los “marxistas” lo mismo que Marx y Engels le criticaban a los “Jóvenes Hegelianos” a mediados del siglo XIX: “Su polémica contra Hegel y la de los unos contra los otros se limita a que cada uno de ellos destaque un aspecto del sistema hegeliano, tratando de enfrentarlo, a la par contra el sistema en su conjunto y contra los aspectos destacados por los demás”.[2] Seguramente el profesor de la Universidad de Bristol, Terrell Carver, sabrá disculparnos por extraer esta cita de La ideología alemana, un libro que, de acuerdo con él mismo, debe ser reconsiderado en función de los múltiples remiendos y mutilaciones que sufrió en sus múltiples “ediciones” desde 1845 y que, por lo tanto, “nunca tuvo lugar”.[3]


Desde nuestra perspectiva, tratar de excluir el pensamiento de Engels del cuerpo teórico del materialismo histórico equivale a un error de método que parte de una noción liberal del quehacer intelectual, misma que pone en el centro de la discusión al individuo. Si hacemos un breve repaso de la obra de Engels podemos darnos cuenta de múltiples contribuciones. En primer lugar, Federico Engels realizó varios estudios de caso en los que buscó aplicar el materialismo histórico al análisis de procesos históricos concretos. Asimismo, Engels, junto con Marx, llevó el materialismo histórico al campo de lo que hoy llamaríamos “análisis de coyuntura”, formando un corpus teórico del cual hemos recuperado sólo un ejemplo a lo largo de esta presentación. Además, Engels contribuyó ampliamente al desarrollo de las tesis que Marx sostendría en la Crítica de la economía política y en las múltiples redacciones de El capital, de muchas maneras y desde fechas muy tempranas. Más aún: si hoy conocemos los tres libros de El capital, es gracias a la honesta y minuciosa labor que Engels realizó para poner en orden y editar los manuscritos que dejó Marx después de su muerte, en 1883. Pero la cosa no termina ahí. Después de su muerte, la obra de Marx apenas era conocida fuera de los círculos socialistas europeos. Fue Engels quien se encargó de defender a Marx de los continuos ataques de los que era objeto y de “popularizar”, es decir, de difundir ampliamente la obra de Marx.


Quizá sea este el punto que los “marxistas” contemporáneos menos le perdonan a Engels: pretender que el materialismo histórico debe ser conocido y manejado por las masas obreras para que se organicen y actúen con miras a derrocar el orden social existente y construir una sociedad mejor. Insisten en que la “simplificación”, la “vulgarización”, la “popularización” del materialismo histórico es una especie de traición al legado intelectual de Marx, cuya densidad filosófica está reservada para los investigadores de las universidades del primero y del tercer mundo que observan desde las alturas de sus cubículos no el desarrollo de la lucha de clases, no la manera en que los pueblos resisten el despojo, no la forma en que la burguesía destruye derechos laborales, sino el ir y venir de sus “críticos críticos papers”.