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¿Es el gobierno de AMLO socialista o comunista? ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el comunismo?

Actualizado: jul 5

Número 44, Año 7, junio 2020

En días recientes algunos sectores de la burguesía y de la derecha, bajo el nombre del Frente Nacional Anti Amlo (FRENAA), han manifestado sus desacuerdos con lo que consideran el gobierno izquierdista, populista, e incluso comunista y socialista de AMLO. Más allá de lo ridículo que suena este señalamiento lo cierto es que por ahora ha servido a estos sectores para ir sumando algunas fuerzas sociales.


El proyecto impulsado por la 4T no es ni de izquierda, mucho menos comunista o socialista, él lo niega, muchísimos de sus seguidores también, pero sobre todo lo niegan sus acciones y proyectos. Su plan de gobierno busca intentar paliar algunos de los rasgos de la crisis económica y social que vivimos y pretende hacerlo promoviendo más capitalismo, por ello sus megaproyectos de infraestructura, su política de cooptación, su estrategia militarizada de seguridad, por ello sus afanes de “gobernar para ricos y pobres”.


Pero ¿Qué sería, o cómo sería un gobierno comunista o socialista? aún más, ¿Qué es eso del socialismo o el comunismo? ¿A qué se refieren los dirigentes del FRENAA? ¿Qué quiere decir la derecha pro neoliberal cuando promueve estos señalamientos? ¿Qué piensa mucha gente cuando oye estas acusaciones? Intentemos algunas respuestas de modo general y esquemático.


Señalemos primero que si bien existe una profunda discusión al respecto de las diferencias sobre estos dos términos, por ahora nos referiremos por igual al comunismo y al socialismo para facilitar la exposición.


Cuando desde arriba, los burgueses y la derecha acusan a AMLO de ser comunista o socialista lo hacen para lograr dos cosas fundamentalmente. Primero, desprestigiar al socialismo-comunismo como una opción social valida al equiparar los posibles errores o fallas del gobierno de la 4T, con errores o fallas de un régimen socialista-comunista; Segundo, buscan desprestigiar al gobierno mismo, partiendo del profundo desconocimiento sobre lo que es el socialismo-comunismo que existe en la infinita mayoría de la población, es un intento más de manipulación.


Lo que los grandes medios de comunicación nos dicen sobre el socialismo-comunismo es sólo una deformación muy mal intencionada, dirían ahora, una gran fake news, que ha tomado algunas verdades a medias, mucha imaginación y la ha mezclado con una fuerte dosis de los intereses de los grandes patrones y empresarios, de los dueños del dinero, de esa ínfima minoría que lo tiene todo y quiere seguir así; y de esa mezcla ha resultado esa caricatura atemorizante y vergonzante de lo que es el socialismo-comunismo.


Pero entonces ¿Qué sí es el socialismo-comunismo?, la respuesta es compleja ya que resulta siempre difícil hablar de lo que puede ser pero no ha sido del todo, de lo que siendo posible y deseable aun no experimentamos, hablar sobre el futuro o lo que quisiéramos les resulta sencillo a los adivinos, no a quienes jugamos nuestra existencia a diario y queremos saber bien a qué le tiramos.


Lo que hoy tenemos para hablar del socialismo-comunismo es por un lado toda la experiencia de la humanidad, los distintos esfuerzos por construir el socialismo-comunismo, sus errores y aciertos, la experiencia de la URSS, de Cuba y otros países, también la experiencia de lucha de los pueblos que resisten al capitalismo, de las comunidades zapatistas, de los compañeros del Movimiento Sin Tierra en Brasil, también de la lucha de las mujeres kurdas por su existencia, y un largo etc. que se despliega a diario. También tenemos un gran acumulado teórico, las ciencias y las artes que nos muestran ese otro mundo posible, y el pensamiento teórico desarrollado desde abajo y para los de abajo. Ahí hay que buscar lo que sí es socialismo-comunismo.

Algunos rasgos o características del socialismo-comunismo serían:


· Una sociedad donde el centro sea la comunidad sin que ello anule al individuo, tal como hoy cada uno de nosotros es sacrificado en el altar de la estandarización del consumo, hoy nuestra individualidad sólo existe en la medida que el mercado lo promueve.


· Una división social del trabajo que no limite las capacidades individuales, que no nos convierta en expertos en lo nuestro e ignorantes absolutos en casi todo lo demás.


· La producción social centrada en las necesidades de los seres humanos y no en el afán de ganancia por la ganancia misma. Esto requiere, entre otras cosas, que tanto la producción como el consumo debe considerar no sí la bolsa va bien o mal, sino si las necesidades de las sociedades presentes y futuras están garantizadas.


· Lo anterior exige necesariamente poner atención a los límites naturales y superar el consumismo y el productivismo, sin que ello signifique anular la expansión de nuestras necesidades, sino encontrar formas comunitarias de satisfacerlas.


· Establecer la cooperación, la planificación y la propiedad social como mecanismos centrales de la producción, lo que supone superar la regulación económica vía mercados que cada tanto hace saltar crisis cada vez más agudas, así como acabar con la propiedad privada de los principales medios de producción.


· La instauración de la más profunda democracia social como ejercicio de gobierno, como autogobierno popular, esto es acabar con la dictadura de las minorías que todo lo tienen sobre las mayorías desposeídas, acabar con los gobiernos que representando a una clase social minoritaria imponen sus intereses al resto de la sociedad.


· Acabar con la explotación de unos seres humanos sobre otros, esto es, anular los mecanismos por medio de los cuales unos pocos se apropian de la riqueza social producida por las mayorías trabajadoras, logrando esto no habrá base material para la dominación política.


· Acabar con la dominación política y su base material, así como generalizar la cooperación, la planificación y la propiedad social como los mecanismos fundamentales de la producción implican cambios culturales y de pensamiento que destrabaran la imaginación y las posibilidades creativas de los seres humanos. El arte y las ciencias sin las ataduras del dinero podrán alumbrar nuevos mundos hoy impensables.


Con las palabras de un pensador del siglo XIX y militante de las causas populares, podríamos decir que el socialismo-comunismo sería la:


"[…] asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo social. […] El producto todo de la asociación es un producto social. Una parte de este presta servicios de nuevo como medios de producción. No deja de ser social. Pero los miembros de la asociación consumen otra parte en calidad de medios de subsistencia. Es necesario, pues, distribuirla entre los mismos. El tipo de esa distribución variará con el tipo particular del propio organismo social de producción y según el correspondiente nivel histórico de desarrollo de los productores […]" [1]

En resumen, podemos afirmar que socialismo-comunismo no quiere decir que el gobierno nos quitará nuestras cosas, nuestro carro o nuestra casa o que cerrará nuestro negocio, se trata de quitarles las fábricas, las tiendas, los bancos, los medios de comunicación y las grandes empresas a los millonarios; no se trata de despojarnos de lo que hemos conseguido gracias a nuestro esfuerzo y trabajo, sólo de evitar que alguien se enriquezca explotando a otros; no se busca anular nuestra iniciativa para trabajar o inventar, tampoco para emprender o iniciar proyectos productivos, sólo pretende que la iniciativa y el emprendimiento no vayan contra el bienestar social; mucho menos quiere decir mantener en el poder político a un dictador, por el contrario se trata de construir poder popular; el socialismo-comunismo tampoco busca que todos seamos pobres o que todos seamos iguales, nos vistamos igual o pensemos lo mismo, sólo busca que “el libre desenvolvimiento de cada uno sea la condición del libre desenvolvimiento de todos.” Para bien o para mal, sobre todo para mal, ni la 4T ni los prianistas del FRENAA van en esta dirección.

[1] Marx, K. (1983). El Capital. Crítica de la economía política, T. I (Vol. 1). (P. Scaron, Ed.) México: Siglo XXI., p. 96


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