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El sindicalismo que necesitamos y la importancia de la formación política sindical

La experiencia de Talleres de Formación Sindical (SITUAM)


Número 52, Año 8, mayo 2021


El sindicalismo mexicano enfrenta en la actualidad dos grandes retos. El primero consiste en resistir la ofensiva de los patrones y su Estado en contra de los trabajadores y sus organizaciones de clase, ofensiva que, en el actual contexto de crisis, va a reducir aún más el ingreso de las familias trabajadoras, va a destruir los derechos laborales que nos quedan y va a imponer más medidas destinadas a limitar la acción colectiva y organizada que emprendan los trabajadores en defensa de sus propios intereses. El segundo reto radica en la capacidad de los sindicatos ya existentes para renovar su vida interna, romper con la dinámica burocrática que se limita a la gestión cotidiana de los contratos colectivos de trabajo --donde los hay-- y recuperar su carácter como instrumentos de lucha de la clase trabajadora. Esto no significa, desde luego, que los sindicatos deban desentenderse de la gestión de los contratos. Por el contrario, de lo que se trata es de aprovechar las posibilidades que ofrece la gestión para avanzar en procesos de politización de las y los compañeros de base. En general, de lo que se trata es de renovar formas de organización de los sindicatos, el funcionamiento de sus estructuras, sus mecanismos de toma de decisiones y, sobre todo, darle un nuevo sentido a estas últimas.


El sindicalismo que necesitamos forzosamente tiene que enfrentar ambos retos al mismo tiempo, resistir y renovarse, si queremos que la clase trabajadora empiece a recuperar un poquito de todo lo que le han arrebatado en los últimos años. De lo contrario, el sindicalismo está destinado a desaparecer paulatinamente.


Para poder enfrentar ambos retos, el sindicalismo mexicano necesita tres condiciones básicas, elementales: una base participativa, consciente y politizada; una estructura funcional y democrática, con la habilidad para defender a los trabajadores en el día a día al mismo tiempo que cumple con todas las labores que debe desempeñar, con la iniciativa necesaria para dinamizar la vida sindical impulsando la politización de las bases; y una dirigencia capaz de dirigir las luchas económicas de la clase trabajadora, plenamente comprometida con la independencia y la democracia en los sindicatos. Desde luego, reunir todas estas características en una sola organización no es fácil. Menos aún cuando los sindicatos afiliados a las viejas y nuevas centrales corporativas se han caracterizado precisamente por lo contrario, por promover y mantener bases inmóviles y apáticas, estructuras dóciles y burocratizadas, y dirigencias incapaces, corruptas y antidemocráticas.


Ahora bien, la experiencia reciente nos muestra que ninguna de las características que buscamos reunir basta por sí sola, incluso dentro de los pocos sindicatos independientes que aún quedan, para construir el sindicalismo que necesitamos. Es fundamental, por lo tanto, que la práctica sindical de la base, la estructura y la dirigencia esté fuertemente articulada alrededor de un proyecto sindical unitario que, insistimos, debe poner el acento en la defensa del salario y los derechos laborales y ampliar los márgenes de la acción sindical, combatiendo, por ejemplo, la imposición del arbitraje obligatorio y las más recientes restricciones al derecho de huelga; un proyecto que rompa con la burocracia y recupere el sentido de la organización sindical como instrumento de lucha de la clase trabajadora, no sólo en el terreno de las demandas económicas, sino en un horizonte histórico mucho más amplio.


Esta última parte es fundamental, ya que los oportunistas de todo tipo tienen como bandera que los sindicatos se deben limitar a tratar cuestiones económicas. Mientras la contradicción entre capital y trabajo determine la estructura social y política que mantiene la explotación del hombre por hombre, las y los trabajadores, están llamados a desplegar su propia agenda a través de las organizaciones de clase que tienen a sus disposición --entre ellas, los sindicatos-- para equilibrar la correlación de fuerzas con la clase dominante y generar las condiciones de posibilidad de una transformación completa, de raíz, de las relaciones de dominación actuales. Sin el concurso de las organizaciones de la clase trabajadora, la perspectiva de una sociedad más justa e igualitaria está cancelada. No queremos decir con esto que los sindicatos deben funcionar como partidos, sino que deben asumir una política de clase, es decir, de defensa de todas y todos los trabajadores sin distinción, del mismo modo que el Estado defiende los intereses de todos los empresarios, de toda la burguesía, en particular de sus sectores dominantes.


Para recuperar dicho objetivo histórico de superación de estas relaciones de explotación, la formación política es un paso estratégico para el sindicalismo independiente y democrático. Es estratégico porque significa el fortalecimiento de las estructuras desde las bases trabajadoras mediante la adquisición de las herramientas políticas que les otorgue, por un lado, la capacitación necesaria para fungir como buenos operadores dentro de las estructuras sindicales correspondientes, y por otro lado, la teoría y el conocimiento necesarios para el ejercicio del pensamiento crítico y el desarrollo de la conciencia de su papel como clase explotada, siendo esto la base de la acción y la movilización colectivas mismas que, a su vez, completan el ciclo del proceso de construcción del conocimiento. No hay mejor maestra del movimiento obrero que la acción colectiva de los trabajadores, la incidencia activa en la lucha de clases refuerza la conciencia y comprensión de los pasos a dar y las tareas a asumir en cada momento histórico concreto.



Los saldos de la guerra contra las trabajadoras y los trabajadores


Existen un sinfín de experiencias formativas llevadas a cabo por las organizaciones sindicales y de obreros en general, sin embargo, cabe destacar el papel de aquellos que surgen de las bases obreras que toman es sus propias manos la labor formativa y que reivindican el esfuerzo colectivo en la construcción y transmisión del conocimiento y que, sobre todo, parten de este para su accionar en el día a día dentro de sus organizaciones sindicales. Este es el caso de la experiencia de la escuela llevada a cabo por Talleres de Formación Sindical en el SITUAM. Se trata de un equipo de trabajadores de base, académicos y administrativos, que se dieron a la tarea de dar continuidad a las tareas formativas de dicho sindicato.


Este proyecto de Escuela Sindical inició como parte de las funciones de la Secretaría de Educación y Análisis en la gestión 2016- 2018 y continuó aún al término de dicha función, con el fin de concretar el programa de educación acordado en congreso por todos los trabajadores del sindicato. Ha contado con la participación de compañeros de gran experiencia en el terreno de la lucha sindical y de la lucha por la educación pública, así como especialistas en temas como el impacto del neoliberalismo en el ámbito educativo y laboral en nuestro país, quienes compartieron con trabajadores del SITUAM y otros sindicatos sus concepciones, investigaciones, vivencias y ánimos de lucha. Por su parte, los trabajadores pusieron todo su empeño en comprender cuáles son los problemas fundamentales por los que atraviesan sus organizaciones sindicales, en discutir diversas propuestas de solución y de cómo caminar de forma más organizada desde el interior para avanzar más allá del propio sindicato, incluso del propio gremio.


Desde el inicio se reflexionó acerca de contradicciones internas como la promoción de la desinformación; la falta de formación política; la reducción de la vida política de los afiliados a campañas electorales por los puestos de dirección; la manipulación de la información a través de chismes, difamación y confrontación; la ocupación de cargos para beneficio e intereses particulares; dejar en el olvido a las nuevas generaciones de sindicalistas, lo que las lleva a mantenerse al margen de la vida sindical; la falta de formación de cuadros conscientes y participativos y todo aquello que en lo general origina un terreno fértil para que unos pocos ejerzan el dominio sobre las mayorías dentro de las organizaciones sindicales.


Pero yendo aún más allá, se reflexionó sobre cómo responder de forma creativa y colectiva a todas estas contradicciones. Propuestas como la promoción de espacios sanos de discusión desde la base y el debate político; trabajar sobre los acuerdos y disolver sanamente los desacuerdos; conseguir la promoción de la información y su difusión dentro de las bases trabajadoras; elaborar estrategias organizadas, planificadas y estructuradas en la formación de cuadros sindicales.



Corrupción, capitalismo y democracia




Pero la formación política de Talleres de Formación Sindical del SITUAM no ha quedado únicamente en ese espacio de la Escuela Sindical, si bien esta ha sido un pilar fundamental, el ciclo formativo se complementa con la participación activa de sus miembros en distintas instancias de representación sindical a través de los cuales también se forman y contribuyen a informar y a formar a otros compañeros, con una participación orientadora en los espacios de discusión y de toma de decisiones, y sobre todo el inmiscuirse en los momentos más álgidos de la lucha del SITUAM contra la precarización del trabajo universitario como fue la huelga más larga de este sindicato en el año 2019.


Ese momento en que las conciencias se afianzan y los aprendizajes teóricos, las posiciones políticas, los métodos de lucha se ponen a prueba. No hay mejor criterio de verdad que la propia realidad y no hay más que confrontarla para avanzar también formativamente. La huelga obligó a aprender a pasos agigantados cómo se vive la lucha de clases, qué proyectos de universidad y de sociedad se juegan en