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El examen y sus resultados

Número Especial 7, octubre 2020


Año a año, miles de jóvenes realizan pruebas de admisión a los niveles educativos medio superior y superior. A manera de ejemplo, tan solo en el año 2019, 250,692 aspirantes presentaron el examen de ingreso a la UNAM [1]. Sin embargo, solamente 23,324, es decir el 9.30%, fueron aceptados (Figura 1). Los aspirantes rechazados son dejados a la deriva, teniendo que recurrir a escuelas con caras colegiaturas, o teniendo que contentarse con escuelas y programas de estudio que no son de su interés, o teniendo que aplazar sus estudios, o en el peor de los casos, abandonarlos.

Figura 1. Número de aspirantes y aspirantes aceptados de 1999 a 2020 en la Universidad Nacional Autónoma de México. Creado a partir de los datos disponibles en el “Portal de Estadística Universitaria”, disponible en: http://www.estadistica.unam.mx/series_inst/index.php

Generalmente, en los días posteriores a la publicación de los resultados de este tipo de exámenes, los medios de comunicación se inundan con titulares como «Logra examen perfecto para ingresar a prepa UNAM viendo videos de YouTube» o «Jóvenes con examen perfecto para ingresar a la UNAM revelan su método». Este tipo de titulares ayudan a reforzar las ideas convencionales de que “los exámenes de admisión permiten que las aulas de las universidades se llenen únicamente de los estudiantes mejor preparados” o que “sólo se quedan aquellos que mejor aprovecharán sus estudios”. No obstante, ¿es verdad que las pruebas de admisión sirven para evaluar los conocimientos y la preparación de los aspirantes?, ¿qué otras características ocultas de los aspirantes ayudan a filtrar este tipo de concursos?, ¿es cierto que todos los aspirantes tienen las mismas oportunidades de salir exitosos de este tipo de pruebas?, ¿es cierto que para pasar el examen sólo se necesita “echarle ganas a los estudios”?

Para contestar a estas preguntas nos podemos sumergir en el maravilloso mundo de los datos y cifras. No sólo con el afán de llenarnos de datos duros y escandalizarnos al conocer los bajos porcentajes de aspirantes admitidos, el objetivo es que los interpretemos con ayuda de la probabilidad y con ello entendamos cuál es el funcionamiento de este tipo de exámenes.

¿Qué es la probabilidad?

La probabilidad se entiende como una medida sobre el nivel de certeza de que un evento ocurra. Por ejemplo cuando echamos un volado tenemos dos opciones, que la moneda lanzada caiga águila o caiga sol, ambos resultados tienen las mismas posibilidades de salir, es decir, son igualmente probables, micha y micha. Si realizaremos el experimento de echar un volado cincuenta veces, nos encontraremos con que los resultados pueden ser 47 águila-53 sol o 55 águila-45 sol, por dar algunos ejemplos. Podremos notar que la tendencia es que los resultados estén cerca del caso 50 águila-50 sol. Al repetir este experimento pero con 1,000, 10,000, 100,000 volados observaremos que cada vez estaremos más cerca de que el resultado final sea que la mitad de las veces caigan águilas y la otra mitad soles.

El ejemplo anterior nos ayuda a entender que podemos medir la probabilidad en términos de la frecuencia de los resultados de un experimento. Supongamos que contamos el total de veces que realizamos un experimento y el número de veces que sale cada posible resultado, entonces podemos definir:


En el caso del volado tenemos que cuando los experimentos son muchos la probabilidad es



Hay igualdad de oportunidades entre caer águila o sol, podemos notar que se trata de un juego justo pues ambos concursantes tienen igualdad de oportunidades de ganar. Por algo la justeza de los volados los hacen una costumbre tan arraigada, ¿quién querría participar en un juego en el que no tiene las mismas posibilidades que los demás de ganar?.

Las probabilidades del examen

Ya tenemos las herramientas para analizar los resultados de los exámenes de admisión. Usaremos la información que anualmente publica la UNAM a través del portal https://www.planeacion.unam.mx/, que se recaba en una encuesta aplicada a los aspirantes y nos centraremos en la del año 2018.

Ejercitemos nuestro aprendizaje, ¿cuál es la probabilidad de ser admitido si realizo el examen?. Para contestar necesitamos saber cuál es el número de aspirantes aceptados para este año, con esta información calculamos que la probabilidad de ser asignado (en porcentaje) es:


Aun olvidando por un momento que este cálculo sólo toma en cuenta a los estudiantes que respondieron la encuesta no al total de aspirantes, se trata de un n porcentaje muy bajo, significa que para cada 8 personas concursantes la UNAM oferta una silla en sus aulas, el primer punto a notar es que los lugares ofertados son muy escasos respecto a la demanda existente. Desde este resultado pinta desalentador el escenario para los aspirantes a la educación superior, se recrudece esta realidad si tomamos en cuenta que los lugares no se reparten en igualdad de oportunidades entre los aspirantes y es esto lo que queremos evidenciar a continuación.

¿Se trata de un juego justo?

Ya dijimos que no, pero no debe bastar nuestra afirmación, los resultados que la propia UNAM reporta nos darán la respuesta.

Consideremos una división binaria de los aspirantes, una forma sencilla es considerar a la población de sexo masculino y la de sexo femenino. Los aspirantes de sexo femenino constituyen el 56 % y los de sexo masculino el restante 44%. Si los concursantes entrasen en igualdad de oportunidades su probabilidad de ingreso sería también del 12% y esperaríamos que los porcentajes de aceptados respeten esta proporción, sin embargo los resultados arrojan que la probabilidad de ser aceptado dado que tu sexo es femenino o masculino es:

Es decir, es más probable que seas aceptado si tu sexo es masculino (Figura 2). Como las probabilidades de ingreso no son las mismas, podemos decir que este examen es lo que en la jerga del juego llamaríamos injusto. La palabra precisa es: discriminatorio. Se trata de un examen que da un trato diferente y perjudicial a las personas de sexo femenino.


Figura 2. Probabilidad de ser asignado por examen de selección en la UNAM de acuerdo al género del aspirante. Creado a partir de los datos disponibles en los “Cuadernos de Planeación Universitaria” de la Dirección General de Planeación. Disponibles en: https://www.planeacion.unam.mx/

Consideremos ahora el antecedente académico inmediato anterior (bachillerato), hay tres posibles divisiones entre los aspirantes: quienes asistieron a un bachillerato público, a uno privado y finalmente a ambas opciones. Sus respectivas probabilidades de ser asignados a una escuela de la UNAM son:



Podemos notar que en este caso quienes tienen más oportunidades son los aspirantes que pasaron en algún momento o cursaron por completo un bachillerato privado. La información no aparece disponible, pero podemos intuir desde ahora que de entre los pocos aspirantes admitidos procedentes de la escuela pública, las escuelas de perfil técnico (CONALEP, CETIS, etc.) serán más marginadas que los bachilleratos no técnicos. El examen según estos datos discrimina a quienes provienen de la educación pública. Es decir, población de estratos socioeconómicos favorecidos (quienes pueden acceder a educación privada) tienen mayores probabilidades de ser admitidos respecto a los aspirantes de estratos menos favorecidos (y que suelen acceder a la educación pública).

Ahora ilustremos el mecanismo discriminador del examen respecto al ingreso familiar. En la Tabla 1 se muestra el ingreso familiar en salarios mínimos del total de los aspirantes y de quienes fueron asignados. Suponiendo que todos los aspirantes, sin importar su ingreso económico, tuvieran la misma probabilidad de ser asignados (tercera columna), los porcentajes del total de aspirantes (segunda columna) se deberían mantener en la población seleccionada (cuarta columna). No obstante, lo que ocurre en realidad es que la proporción de la población más pobre se reduce mientras que el de las poblaciones con mayores ingresos aumenta (sexta columna) (Figura 3). Y sí, sigue siendo mayoría la población de menores recursos. Mas, si el examen no discriminara a los aspirantes de acuerdo a sus ingresos económicos, la población más pobre debería ser aún mayor. Y… ¿quiénes son estas poblaciones que se están viendo más afectadas? Son los hijos de campesinos, obreros y trabajadores domésticos, los grupos de la población que perciben los más bajos ingresos [2].

Tabla 1. Proporción de aspirantes de acuerdo al ingreso familiar en salarios mínimos antes y después del examen de selección en un escenario sin sesgos por el ingreso y en la realidad. Basado en el análisis de datos de “Cuadernos de planeación Universitaria 2018: Aspirantes y Asignados a Bachillerato y Licenciatura de la UNAM 2017-2018”.


Figura 3. Probabilidad de ser asignado por examen de selección en la UNAM de acuerdo al ingreso familiar mensual del aspirante (en salarios mínimos). Creado a partir de los datos disponibles en los “Cuadernos de Planeación Universitaria” de la Dirección General de Planeación. Disponibles en: https://www.planeacion.unam.mx/

Podríamos seguir analizando más datos y nos daríamos cuenta cómo el examen en realidad representa un instrumento discriminatorio que filtra a los aspirantes de acuerdo a sus características sociales y económicas. Ser mujer, haber estudiado en una escuela pública, que tus padres sean campesinos, obreros o trabajadores domésticos, que tus padres solamente hayan podido estudiar hasta la secundaria, todos estos son factores que pueden reducir tus probabilidades de continuar tus estudios. Mientras que ser hombre, haber estudiado en escuela privada, tener personal de servicio en casa, que tus padres tengan un posgrado y que sean directivos, funcionarios o empresarios, son factores que incrementan tus probabilidades de poder continuar tus estudios.

En conclusión, los exámenes de admisión NO seleccionan a los jóvenes “mejor preparados” y dejan fuera a los “malos estudiantes”. Los concursos de selección reproducen las relaciones sociales que producen la desigualdad, impidiendo a las poblaciones más desfavorecidas social e históricamente ejercer su derecho a la educación. Es decir, los exámenes de selección son una herramienta discriminatoria que viola los derechos de los aspirantes.

Referencias

  1. UNAM. Portal de Estadística Universitaria: Demanda e ingreso a la licenciatura. Disponible en: http://www.estadistica.unam.mx/series_inst/index.php

  2. Observatorio Laboral. Ocupación por sectores económicos: Cuarto trimestre 2019. Disponible en: https://www.observatoriolaboral.gob.mx/static/estudios-publicaciones/Ocupacion_sectores.html

  3. UNAM. Cuadernos de Planeación Universitaria. Disponible en: https://www.planeacion.unam.mx/



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