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Editorial: Número 27, Año 5, agosto - septiembre, 2018

Comienza a pasar la cruda de las elecciones, mientras van apelmazándose nombramientos progresistas y dinosáuricos, de gente decente y de traicioneros sin escrúpulos, incluso tal vez asesinos no confesos ni juzgados. Va descansando también el empresariado al enterarse que partes del programa por el que sufragaron muchos no era en serio, va a ponerse a consulta, a ver cómo, dónde y con quiénes, ya lo iremos viendo con el transcurso de los días.

Por el momento parece que la apuesta de la burguesía no le ha desfavorecido aún, parece que le van atinando a los pronósticos: en ausencia de la izquierda, tras la derrota ideológica que significó, en última instancia, su cooptación por el PRI en el PRD, darle el gobierno a los republicanos radicales no se traducía de forma automática en la mengua de sus ganancias. Siguen ganando pues, negociadas o no, siguen imponiendo las condiciones para la actuación política de los gobernantes, a quienes debiéramos referirnos, más bien, como administradores.

El riesgo que la burguesía corrió al permitir el triunfo de la gente, del tigre dormido, no se va a traducir en concesión alguna sin organización, y la profunda crisis de la izquierda, manifiesta es nuestra desorganización pero también en nuestra falta de proyecto, hace esas posibilidades casi inofensivas para la clase en el poder. Organizarse para salir de esa crisis, es una de nuestras tareas. En medio de todo este escenario poselectoral, apreciable lectora, lector, decidimos seguirnos asomando a algunos problemas que no parece que tendrán solución pronto, es más que lo más probable es que no se resuelvan si no somos nosotros y nosotras mismas quienes nos organizamos para hacernos cargo.

Así, en un artículo del torito hablamos de las injusticias que sufren los migrantes, enfatizando que el racismo que conllevan no es exclusivo de la administración de Trump, antes de éste se expulsaron miles de niños migrantes. Entre los de arriba no hay paladines de los de abajo, en más de un aspecto son iguales sin importar si son republicanos o demócratas o mexicanos o gringos.

En otro artículo enfocamos en un tema que pasó desapercibido en las propuestas de campaña, pero que se trata de acciones en marcha, nos referimos a la militarización de los bachilleratos, de los cuáles hay varios planteles piloto ya funcionando en diversos estados, sin que haya mediado aprobación alguna por el poder legislativo, sino mediante acuerdos entre la SEDENA y el ejecutivo federal y en ocasiones los ejecutivos locales. Esto es grave y debe llamarnos la atención, no sólo no queremos militares en las escuelas, sino que tampoco los queremos en las calles.

Por otro lado, el derrumbe de una terraza de la plaza Artz (o NeymArtz, si nos permite la referencia mundialera) pone al descubierto una vez más el incontrolado desarrollo inmobiliario en la Ciudad de México y cómo la red de corrupción que opera y que operará en el nuevo gobierno (si no nos cree, lea usted en el artículo quienes están involucrados) sirve perfectamente para beneficiar con millonarias ganancias a algunos cuantos empresarios en detrimento de la mayoría de la población, que, al parecer, no importa cuánto proteste en contra de otra plaza comercial más.

Finalmente, nos ocupamos de las pensiones en México, un tema extremadamente sensible para cientos de miles de trabajadores y trabajadoras, y que deja ganancias millonarias otra vez a unos cuantos banqueros mediante su privatización progresiva. Mientras ellos viven en la opulencia con el dinero de nuestras pensiones, nos condenan a vivir en la miseria cuando no les servimos más para producir. Qué injusto dirá usted, es cierto, pero así es el capitalismo: ¡da para indignarnos! ¿no? ¡que el coraje nos dé también para organizarnos!

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