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Autonomía, Autogestión y Seguridad Comunitaria

Número 36, Año 6, octubre, 2019

Al sostener este encuentro con el maestro Alberto Híjar, en Tejiendo Organización Revolucionaria buscamos diversos objetivos, entre ellos: compartir su amplia experiencia y su trayectoria política en múltiples esfuerzos organizativos, reflexionar en torno a la historia de diversas propuestas autogestivas que se han desarrollado dentro y fuera de la Universidad y que son poco o nulamente conocidas por las nuevas generaciones, y hacer dicha reflexión más allá de la mistificación de los movimientos sociales o de la crítica deshistorizada y descontextualizada que usualmente se convierte en un juicio de valor, cuya conclusión -nada ingenua, por cierto- es que todo estuvo mal y que nada sirve ni es recuperable para nuestras formas de lucha actual.

En términos generales, se trata de poner en debate la autonomía, la autogestión y la seguridad comunitaria como formas organizativas que deben ser entendidas desde su contexto para comprender su génesis y desarrollo, y no como fórmulas o recetas aplicables de manera universal. En este sentido, consideramos que el debate pone en el centro mismo de la discusión la importancia de estar organizado y de retomar experiencias, tanto victoriosas y como derrotadas, como una condición indispensable para avanzar en la lucha. Desde nuestra perspectiva, consideramos que la enorme diversidad de formas de entender la autonomía, la autogestión y la seguridad comunitaria en un contexto de desorganización generalizada de las filas de la izquierda y del campo popular, es razón suficiente para reflexionar sobre la manera en que hacemos uso de estos conceptos en nuestros programas y en nuestra práctica política cotidiana. ¿Qué significa ser autónomo?, ¿cual es el horizonte político y el alcance de la autogestión?, ¿qué implicaciones tiene la seguridad comunitaria? Son preguntas que hoy queremos poner sobre la mesa y en torno a las cuales podemos ir reflexionando. En julio de 1968, ante estudiantes universitarios, el rector Javier Barros Sierra sostenía que la autonomía “no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable que debe ser respetable y respetado por todos”. La autonomía hoy cada vez se tambalea más entre la abstracción y la desaparición. Por otro lado, la autogestión fue ampliamente defendida por José Revueltas al plantear:

La autogestión como proceso del conocimiento y de la conciencia política compartida es la forma más racional de acceder al conocimiento democrático por medio de la elevación de la libertad de cátedra a la confrontación del pensamiento; la autogestión significa conocer entre todos, decidir entre todos, impugnar, controvertir, transformar, e impedir que algo permanezca inmutable. La autogestión es la forma viva, y crítica del pensamiento militante y activo, es la conciencia de lo que significa estudiar, conocer y actuar dentro de una perspectiva de cambio de las estructuras sociales. La autogestión presupone una enseñanza técnica integral, subordinada a los valores humanos del conocimiento, en contra de la mera destreza y de la habilitación utilitaria de la técnica actual. [1]

Por ejemplo, en el caso del autogobierno en Arquitectura -experiencia poco conocida en la actualidad- la autogestión académica jugó un papel importante en el proceso organizativo y se dio la batalla por la democratización de la universidad dentro del proceso del autogobierno. No se limitó al ámbito de la organización estudiantil, sino que se dio relevancia al actuar organizado ante las problemáticas populares en conjunto con el desarrollo mismo de la escuela. El proceso puso en la mesa las problemáticas reales y propuso, a través de una estructura organizada y democrática, una posibilidad transformadora. También se construyeron las plataformas suficientes para que el trabajo tuviera continuidad a través de un constante movimiento estudiantil autocrítico y organizado. Dentro de la organización estudiantil se consideró muy importante la difusión de estos procesos y su consecuente discusión. Por lo que se construyeron distintos medios para dar a conocer cuál era el proceso dentro de la comunidad estudiantil. Lo que se logró a través de estos instrumentos fue la discusión política necesaria para construir un escenario dónde llevar a cabo una práctica política. Se volvió importante la compartición por igual de los conocimientos básicos dentro de la comunidad. Por lo tanto, se volvió necesario la discusión política y la difusión de la misma, para generar bases comunes dentro de la comunidad. Recuperamos que para llevar a acabo la autogestión se necesita generar las herramientas organizativas básicas, que tomen en cuenta los aprendizajes de los movimientos estudiantiles históricos y de las demandas políticas tales como la democratización y de la lucha de clases. De tal suerte, queremos ahondar en el análisis que nos proporcione el compañero Híjar, ya que el momento actual nos exige mejores valoraciones del movimiento estudiantil, retomar las experiencias de lucha, combatir el rechazo a las formas organizativas, tener una mayor politización y claridad en los propósitos con puntos programáticos y tareas dentro de una perspectiva estratégica, así como espacios de discusión política, de dirección y de toma de decisiones colectivas y democráticas. Nuestra idea es abonar en nuestra formación política y dotarnos de herramientas teórico-prácticas que nos permitan retomar lo que se hizo bien, intentar mejorar lo que se hizo mal e impulsar la creatividad de nuevas formas que no hagan tabula rasa del pasado ni que le apuesten al olvido.


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