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A 150 años de la Comuna de París. Una disputa por el futuro

Actualizado: abr 8

Número 50, Año 8, marzo 2021


I

Hace 150 años, en Marzo de 1871 la ciudad de París fue el escenario de un levantamiento popular y de la instauración de un gobierno de las y los de abajo, un autogobierno de quienes vivimos de nuestro trabajo: La Comuna de París.

Mucha tinta ha corrido en este tiempo, se han valorado las condiciones del levantamiento de las y los trabajadores de París, el escenario dispuesto por el desarrollo económico francés, la guerra entre Francia y Prusia (hoy Alemania), las contradicciones dentro de las clases dominantes francesas, el papel de las mujeres parisinas[1], de las organizaciones de trabajadores de diversas tendencias político-ideológicas, desde el republicanismo radical hasta el anarquismo y el marxismo, el papel de la Asociación Internacional de Trabajadores, los aciertos y errores de las y los comuneros, etc. Libros, poemas y películas han retratado el “asalto al cielo” por parte de los hombres y mujeres de Paris en defensa de su ciudad contra la invasión extranjera, pero sobre todo en defensa de su dignidad como trabajadores y trabajadoras y aún más su lucha por una nueva sociedad sin clases, sin explotadores y explotados, sin dominadores y dominados.


En este breve escrito sólo queremos puntualizar algunos aspectos de la Comuna que pensamos son claves para la organización popular actual, aspectos en los que podemos encontrar algunas orientaciones generales que nos permitan organizarnos mejor para avanzar y sobrevivir a la actual crisis del capitalismo y su estela de violencia, miseria, desempleo, precarización laboral, degradación ambiental y cultural.


Recomendación

Acá pueden ver, en 4 partes y subtitulada, la película de Peter Watkins “La Comuna de París”:

Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=kZwyg2NUCWs

Parte 2: https://www.youtube.com/watch?v=2gENGeGBBXA

Parte 3: https://www.youtube.com/watch?v=GGuyxISCkMU

Parte 4: https://www.youtube.com/watch?v=6a1rBODUiS8


II

La Comuna mostró que se trata de destruir y no sólo administrar la maquinaria del Estado burgués.


El Estado es hoy, como lo fue hace 150 años en Francia, un órgano de dominación de clase. No es una instancia de concordia entre los que siendo diferentes acuerdan una vida en común, es antes bien, la forma que adquiere la relación de subordinación-dominación. El Estado es “una máquina nacional de guerra del capital contra el trabajo” una “máquina del despotismo de clase”[2] y esta máquina funciona gracias a la relación que se establece entre quienes producen y son dominados por quienes sin trabajar sólo se apropian de lo producido por otros.[3]


Si no hubiese dominados y dominadores no habría necesidad de tener un Estado. Si el trabajo fuese derecho y obligación de todos, si la planeación de este trabajo fuese colectiva y el fruto del mismo propiedad común, entonces no haría falta dicha maquinaria de dominación. Dicho de otro modo, el estado moderno basa su existencia en la existencia misma de clases sociales antagónicas[4].

Actualmente hay grupos que pretenden la toma del poder estatal para desde ahí comenzar una serie de transformaciones al servicio de las mayorías, o al menos eso dicen. Vale la pena insistir que no nos referimos a los grupos políticos que representan claramente a las clases dominantes y que sólo usan el aparato del Estado para mantener, profundizar y reproducir la dominación de clases, basada esta última en el sistema de explotación del trabajo ajeno, el despojo de los bienes comunes y la apropiación de la naturaleza para beneficio de esas mismas clases dominantes. Aquí hablamos de los sectores que en un afán genuino por avanzar hacia la transformación de la realidad en beneficio de las mayorías trabajadoras pretenden tomar el aparato estatal y usarlo para este noble fin, pero que en el camino no extraen los aprendizajes necesarios de las experiencias de lucha pasadas, en particular la conclusión que desde la Comuna de París podemos extraer: el Estado burgués debe ser destruido para poder avanzar hacia la construcción de un poder social que sirva a los intereses de los de abajo.


Cuando estos sectores de la izquierda buscan llegar al gobierno, omitamos por ahora la diferencia entre Estado y gobierno, y desde esas posiciones construir un Estado popular, no podemos más que pensar en las palabras de un viejo militante que criticando a quienes en su tiempo proponían la formación de un “Estado popular libre” decía: “[…] es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras que el proletariado necesite todavía del Estado no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir.”[5]


III

La Comuna mostró que existe otra forma de hacer y concebir la política.


La Comuna también plantea el asunto de otra concepción y otra práctica de la política, de la democracia, del poder y del Estado. Varias de las principales medidas tomadas en el breve lapso que duró el autogobierno del pueblo parisino apuntaban a formas nuevas del ejercicio del poder político, formas que transformaran-extinguieran la relación de poder transitando hacía una relación de colaboración social en la que el poder político, despojado del carácter despótico, dejase su lugar a la administración y gestión colectiva de los asuntos comunes.[6]


Al establecer un salario para los funcionarios del gobierno igual al de cualquier obrero calificado y al afirmar la revocabilidad en todo momento de cualquier funcionario del gobierno, se apuntaba hacia la desacralización del ejercicio de la política, se pasaba de la elección de representantes que terminan alejándose del pueblo, a la elección de delegados efectivos que tenían una tarea que cumplir o serían destituidos de no hacerlo. El poder ya no estaría más en estos representantes alejados de las masas populares sino en éstas últimas.

A las medidas anteriores debemos sumar la eliminación del ejército permanente, columna vertebral de todo Estado. Con ello se apuntaba hacía la eliminación de la maquinaría del Estado como una maquinaría especial que, expresando el conflicto social de clases, se situaba más allá de la sociedad. La garantía de este proceso era el pueblo mismo en armas.

La Comuna como cuerpo ejecutivo y legislativo, como una “corporación de trabajo”[7], transformaba la práctica política y la gestión de los asuntos públicos, involucrando en ellas a todo el pueblo. La participación de éste último tanto en la discusión y definición de las tareas como en la ejecución de las mismas cultivaba la responsabilidad de los hombres y mujeres de abajo en el ejercicio del autogobierno.


La práctica comunera era clara: ni la democracia como mercado electoral vacío de contenido, ni la política como tarea de profesionales alejados de las masas, ni el Estado como órgano conformado por fuerzas especiales de dominación contra las mayorías desposeídas; antes bien, la democracia de masas como ejercicio de base cotidiano y organizativo, la política como responsabilidad de todos en el autogobierno popular, y el estado-comuna [8] como “palanca para extirpar los cimientos económicos sobre los que descansa la existencia de las clases y, por consiguiente, la dominación de clase”[9], como órgano de dominación que va negando su propia existencia y actúa ya hacia el objetico de dejar de dominar para comenzar sólo a coordinar-administrar las tareas colectivas.


IV

La Comuna mostró que en el internacionalismo proletario se expresa la lucha antimperialista y la defensa de la autodeterminación de los pueblos y naciones.


Hacía afuera de Francia el autogobierno popular de las y los comuneros desarrolló una política antimperialista, el propio levantamiento popular de las y los parisinos había sido un levantamiento contra la invasión extranjera, representada ésta tanto por las amenazas del ejercito de Prusia (hoy Alemania) como por la política de rendición y colaboración del gobierno francés republicano y burgués.


Hacía adentro del territorio francés la comuna planteó una política de pluralidad nacional, de respeto a la autodeterminación de los pueblos y naciones.